El Camello, el León y el Niño. Tiempos emocionales.


Escribía Benjamín Prado que es “realmente difícil que un poeta que haya escrito una serie de libros no haya tenido la sensación de poner también en palabras contadas, de pasar a ver sus ideas sobre la poesía, un poco para fijar su territorio y para explicar un poco qué tipo de poesía pretende hacer”.

Me vino esa cita a la cabeza cuando pensaba en cómo quien se hace en un momento dado responsable de su proceso personal también siente la necesidad de explicarse y de tomar conciencia de cuál es su poética vital, como narra su vida, cuáles son su bases, sus fundamentos para caminar, sus creencias, su parte trascendental, espiritual, sus valores y creencias. Siguiendo con el símil literario las personas en ocasiones nos sentimos con la necesidad de acudir a nuestras fuentes, a los clásicos, a las lecturas que nos marcaron. Revisamos así nuestro pasado e identificamos cuáles son nuestras herencias familiares, sociales, transgeneracionales incluso, que nos dan algunas explicaciones de quiénes somos, de qué programas tenemos instalados para ir por el mundo y sobre qué pilares se ha construido nuestra manera de ser y actuar. Muchos tenemos la necesidad de comprendernos. La otra noche en la terraza de un bar surgió una pregunta ¿Y qué hacemos con todo eso?. Kiko Veneno cantaba aquello de “¿Para qué quieres la información si no la usas”. En la respuesta está lo que e spara mi el coaching en definitiva: acción consciente. La información obtenida en el proceso personal se transforma en acción para el cambio, nos invita al movimiento, a desplazarnos. Y si fuera necesario, a soltar todo aquello que ya no necesitamos para (re)construirnos en un nuevo hacer.

A todo esto déjenme decirles que me levanté temprano hoy. La luz entraba en mi entusiasmo matutino desperezándose e inundando el despacho con osadía y dividiendo la puerta en dos tramos: sol y sombra. Escribí con tiza en la puerta (que ahora es además una pizarra); presente, pasado y futuro, tratando de ordenar las ideas para esto que ahora escribo.

Me pareció oportuno escribir el tiempo presente ocupando el espacio entre la sombra y la luz y no tuve dudas de que lo que tenía que permanecer en la zona soleada era el futuro. Alumbrar el pasado hubiera sido condenarme a alimentar lo que ya no está. Creo que la metáfora ya se entiende con esto. No hace falta estirarla más. En estos días, además, he releído y visionado algunos vídeos de HUMBERTO MATURANA. Desde la biología explica también los procesos personales. Junto al también chileno Francisco Varela acuñaron por allá los años 70 el concepto de AUTOPOIESIS, que muy resumidamente es la capacidad del ser humano para regenerarse constantemente. Si trasladamos esa idea de lo celular a lo emocional tenemos un enfoque muy interesante para ir por la vida. De eso se sirve ECHEVERRÍA para confeccionar el Coaching ontológico que es la línea del coaching que aplico en mis sesiones, pero de eso ya hablaré otro día. Y fíjense que dije enfoque, y podría haber dicho encuadre también valiéndome igualmente del símil fotográfico. ¿Hacia dónde miramos? ¿Han probado a caminar largo tiempo mirando hacia atrás? Háganlo. ¿Qué sienten en el cuello? ¿Es su postura natural, la más cómoda? ¿cuánto tiempo pueden mantener ese caminar?. Y sobre el encuadre, teniendo en cuenta que la vida y la fotografía son experiencias donde escogemos o atrapamos lo que es de nuestro interés, ¿qué decidimos encuadrar? ¿en tu vida qué es lo que enmarcas? ¿Qué dejas dentro y fuera? ¿A Qué decides ponerle tu atención y a qué no? ¿Qué es relevante para la composición de tu fotografía y qué no? ¿Quién quieres que salga en la foto? En uno de los videos de los que hablaba me detuve en una frase de Maturana : “la cicatrización de las heridas es una expresión de la continua producción de uno mismo que todo ser vivo es” y a continuación el presentador hacia una mención a Así habló Zaratrustra de Frederic Nietzsche.

Escribía Nietzche sobre las transformaciones del espíritu y utilizaba la metáfora del camello, del león y del niño: ¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que lo carguen bien.(...) Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto. (…) Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. (...)

Sí al cambio, como el niño, Sí a ser quien queremos ser, sí a un nuevo comienzo constante. No sé qué opinarán ustedes y "ustedas" de todo esto. Les invito a comentar aquí abajo.

Un poco de poesía para cerrar esta reflexión. Fíjense cómo sería el amor si lo practicáramos como propone Richard Jackson (Resonancia, Kriller71edicions, 2014):

Si me preguntas si te quiero, tengo que decirte

que nunca te he querido, ni siquiera ahora, ni mañana. Así podré comenzar a amarte una y otra vez,

porque no hay pasado. Así es como la luna

va desabotonando a las estrellas según asciende.

Así es como incluso las galaxias más lejanas siguen tirando de nosotros. Así es como te quiero. Como unbulbo olvidado que florece en el jardín en primavera, así es como te hablo.(...)

Y ya que preguntas, tengo que decirte

que cada noche me adentro en ti como si fuese la primera,

que el silencio de la noche se desenmaraña finalmente entre tus manos,

que pareces estar hecha de la misma carne que la luna.


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© Ventura Camacho. HARA |  COACHING | SERVICIOS EDUCATIVOS |  Contacta. Barcelona.